Ayer por la noche



         Ella caminaba despacio sin saber bien donde estaba. Las calles estaban sucias y el sol ya estaba rayando. No se acordaba lo que tenia hecho anoche, todo estaba muy confuso.
         No sentía hambre, frío o medo, sólo um vacío desconocido, una sed de algo que estaba lejos, algo que tal vez ella nunca podría alcanzar. No tenía dinero algún, aunque pocas veces pagase por algo. Hubiera sentido, visto y oído cosas inexplicables y no sabía como, donde, porque y com quién estubo, daba ló mismo, continuaba sola.
         Sus piernas no tenían el control, pero ella no caió ninguna vez. Su cabeza no paraba de pensar y sus ojos se estaban cerrando poco a poco por el sueño, pero ella no podría parar, necesitaba encontrar lo que queria.
         Las personas estaban llegando a sus trabajos mientras ella pasaba. Su cabeza rodaba y ella prendió um cigarrillo a ver si pensaria mejor. Decidió sentarse em una escalera un rato para descansar.
         Nada le venía en miente, ninguna imágene, solo pedazos de recuerdos sin sentido y sin color. Alguién tenía llegado cerca de ella y hecho algo que parecia uma pregunta, pero ella no pudo escuchar lo que decieron. Era demasiado bajo para poder oyer y su cabeza dolía mucho.
         Las nubes negras se estaban acercando de la ciudad y un viento frío barria las basuras y las hojas de las calles. Ella empezó a llorar bien despacito, bajo y sutil. Hubiera perdido la memoria? No, deberia ser el alcohol, luego encontraria uma solución para saber lo que hizo. Era posible ter llegado al punto de no poder más confiar en ella misma, por eso sentia miedo: estaba perdida.
         Entonces, los pedazos de imágenes se       ajuntaron y ella supo cada detalle de anoche y fué como se nunca hubiera existido nada antes de eso, porque nada más importaba. Podría morirse en aquél momento, pues no se importaria, ya habia sentido y visto el amor pleno, porque ningún amor era por la mitad.
         Lanzó el cigarrillo en la acera, secó sus lagrimas y respiró fondo. Después pensó en él por pocos minutos y se levantó. Sabía que jamás lo vería de nuevo y aunque lo viera, no seria la misma cosa, porque era probable que ni la luna fuera la misma.
         Se quedaron con sus besos clavados en el cuerpo y las respiraciones erizadas en la piel. Y era impossible borrar eso de alguién. Las sensaciones son eternas aunque los nombres no lo sean.
         Ella desció las escaleras y seguió recto por la calle que la llevaria hasta su casa. La lluvia estaba fuerte y el viento frio invadió su cuerpo. Las luces de la ciudad estaban confusas en sus ojos, pero no importaba, ahora ella sabia adonde estaba indo.


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